14 – VENEZUELA, MI PATRIA DEL NORTE

Tal vez ésta sea la etapa mas importante de mi vida.

Acababa de divorciarme, mi vida era un lio y fuí a sacar un certificado de “libre de deuda” con el Estado, a fin de poder sacar el pasaporte, porque tenía planeado irme a USA. En la oficina de lo que en aquélla época se llamaba Ganancias Elevadas, lo que es hoy la DGI, Dirección General Impositiva, trabajaba un amigo, el contador Ariel Durán. Por supuesto que me preguntó para dónde me iba y me invitó a tomar un café en un bar cercano a la oficina. Café de por medio, se decidió mi futuro porque Ariel me quitó de la cabeza mi destino y me sugirió que me fuera al “Paraíso del Mundo, donde estaba casi todo por hacer”, donde mis perspectivas laborales eran mucho mejores que en USA donde nunca iba a dejar de ser una latina y donde me iban a discriminar. Seguí su consejo y me fuí para Venezuela. ​

​ Trabajé duro, siempre logrando empleos de oficina, como secretaria. Había muchas oportunidades y yo fui escalando a nivel económico, cambiando de trabajo cada 10 meses mas o menos y siempre pasando a un trabajo donde el ingreso era el doble del anterior.

Cuando llegué me alojé en un hotel, pero enseguida un amigo que estaba viviendo allá, me fue a buscar y me ubicó en una residencia, o sea en una casa donde alquilaban habitaciones, o mas bien tendría que decir que alquilaban camas, porque yo compartía la habitación con otras dos chicas: Belkis, una maestra y una asistente social que no recuerdo el nombre.

Se puede decir que ese período fue fundamental, porque en esos años maduré como ser humano y me formé con la personalidad que llevé el resto de mi vida, algo que no había sido posible lograr en Uruguay, por tener demasiada gente juzgando lo que hacía o dejaba de hacer. En una palabra que no me permitían “crecer”. En Venezuela comencé a pensar y actuar por mi misma, sin presiones de ningún tipo. Eso permitió que mi “yo” se desarrollara.

Venezuela es un país que adoro, al punto de haberme hecho ciudadana venezolana. En él conocí la felicidad, una felicidad que no se contaba de ratitos ni motivada por algo en especial. Una felicidad que casi no me cabía dentro, una felicidad que me llevaba a tener ganas de pararme en el medio de la calle y gritarla a los cuatro vientos.  Allí fui completamente feliz, como lo soy ahora, en Uruguay porque no siempre fue así, me costó más de 16 años, luego de regresar de Venezuela, lograrlo, pero ése es otro tema que lo tocaré más adelante.

En mi vida se puede decir que hubo un antes y un después de Venezuela, como lo podrán comprobar.

Pero empecemos desde el principio

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